
Si algo impresiona es un lugar donde la historia comenzó a cincelarse en piedras. Tanbaly es de esos sitios donde las gentes, en su afán de narrarnos sus vidas, con unas pocas herramientas grabaron en piedra cómo cazaban, bailaban, cómo iban a la guerra y, además, cuáles y cómo eran sus dioses. Mucho después comprendí que no solo era cincelar en la piedra; aquellos grabados tenían, y tienen todavía, un carácter mágico.
Esta historia me gusta comenzarla diciendo que era una mañana soleada, porque era así en realidad. Un grupo de amigos subimos a un autobús con destino a Tanbaly. Había cubanos, italianos, españoles, rusos y kazajos; quizás alguna otra nacionalidad, pero ahora no recuerdo.

El sitio no está lejos de la ciudad de Almaty y era un descampado total, sin instalaciones a la vista, solo un parking improvisado sin asfaltar y dos carteles informativos. Estábamos en la pura estepa, a finales de mayo del 2007. La mirada se te perdía en la inmensidad y la vegetación más abundante no superaba unos pocos centímetros de alto. El relieve, además de la vasta llanura, lo formaban una serie de colinas no muy altas y pequeños valles formados entre las faldas de los montes, atravesados por una pequeña garganta por donde iríamos de exploración.
Si visitas el lugar hoy, descubrirás que las cosas han cambiado mucho. Se ha construido el Museo-reserva Tanbaly que funciona como centro de interpretación con varias edificaciones de servicios para la atención al público visitante (Complejo arqueológico «Tanbaly-Tas»).

Antes de comenzar con el paseo nos sentamos en la hierba. Extendimos todo lo que teníamos para merendar, aunque en realidad era un desayuno, y compartimos entre todos lo que traía cada uno. Teniendo en cuenta que la visita iba a ser larga y tendríamos que subir algunas cuestas, era mejor tener energías suficientes.
Luego de la merienda realizamos una “ceremonia para festejar la alegría de momentos como estos», moviéndonos en círculo y haciendo piruetas con las manos, como si fuéramos chamanes. Era algo así como un juego, de lo que no tiene caso hablar ahora.

Este es un plano reciente del lugar. Tiene algunas pocas modificaciones por la traducción y algún pequeño retoque en los colores para poder distinguir mejor algunas leyendas. Permitirá ver con más claridad la zona.

A unos doscientos metros aproximadamente de donde dejamos el bus, comenzaba la garganta encajada entre las montañas. Esta tenía otro tipo de vegetación, más frondosa, por así decirlo.

Pronto descubrimos que hicimos bien en merendar primero, porque la mayor parte de los grabados estaban en las colinas. Es sorprendente la maestría de los “artistas” que dejaron sus obras en aquellas piedras.

Los dibujos eran de diferentes tamaños; los había muy pequeños, de algo así como unos pocos centímetros, y otros muy grandes, que podían medir fácilmente un metro. También en muchos se podía distinguir una estructura narrativa interesante, donde figuras humanas montaban a caballo, otras cazaban o guerreaban; otras figuras danzaban, en algún tipo de ceremonia, mientras que otras escenas consistían en la representación de manadas de animales.
Había también figuras individuales, algunas de hasta un metro de alto, perfiladas con gran definición y trazos artísticos.







Se calculan cerca de 5 mil petroglifos, que van desde la Edad del Bronce hasta el Medievo.
A pesar de que hacer fotos se convertía en una profesión peligrosa por lo empinada de las colinas y el reducido espacio para caminar, no dejamos de inmortalizar ese momento.




También se veían tumbas en cista, es decir, en forma de caja, algunas de las cuales mostraban un revestimiento de lajas de piedra. En ellas se depositaba el difunto en posición fetal cuando se enterraban los cuerpos, porque cuando el funeral era de incineración, lo que aparecían eran urnas con los restos calcinados acompañadas de un ajuar de objetos cerámicos y metálicos, todo ello datado en la Edad del Bronce.

Entre todos los petroglifos, sin duda los más interesantes son las figuras conocidas como «deidades de cabeza solar» (sun-headed deities) —u Hombre-Sol en su uso más coloquial; y los «caballos con cuernos» (horned horses), según la descripción más común en la literatura arqueológica en inglés y en ruso. Otra denominación es «caballo con máscara ritual con cuernos» propuesta por la arqueóloga Kazbek Adyrbay en sus estudios sobre el origen del estilo animal saka (pueblo escita) en la estepa kazaja. En otro momento le dedicaré una entrada en particular al «Hombre-Sol» y al «Caballo cornudo».


Antes de terminar el recorrido, quiero hacer mención a los actos vandálicos que también dejaron su impronta en las paredes rocosas de esta reserva arqueológica. Sin reparar en el daño que provocan con sus proyecciones egocéntricas y sus ansias de perpetuidad, dejan grabados sus nombres y la fecha en que desgraciadamente pasaron por allí, como podéis apreciar en esta fotografía.

Por último, nos hicimos una foto de grupo.

Y mantenemos la esperanza de que podamos repetir, quizás no reunidos allí, sino en cualquier otro lugar. Gracias chicos y chicas por tan inolvidable experiencia. Gracias Tanbaly, muchas gracias, Kazajistán.